Recepción del Concilio Vaticano II en América Latina (sobre el tema de la misión)
Según Leonardo Boff: "Hay que reconocer que América Latina fue el subcontinente donde más en serio se tomó el Concilio Vaticano II y donde más transformaciones trajo, al proyectar la Iglesia de los pobres como un desafío para la Iglesia universal y para todas las conciencias humanitarias."
Conferencias Generales Latinoamérica:
I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Río de Janeiro, Brasil, 1955): Lo más importante de esta conferencia que es anterior al Concilio Vaticano II, fue la creación del CELAM.
II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín, Colombia, 1968): Las conclusiones se refieren a la presencia de la Iglesia para transformar a América Latina según el Concilio Vaticano II. Recae sobre tres aspectos:
1) Promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de justicia, paz, educación y familia.
2) Necesidad de evangelización y maduración de la fe a través de la catequesis y liturgia.
3) Tomar en cuenta los problemas que giran en torno a toda la comunidad para que sea más fuerte la unidad y la acción pastoral.
El documento de esta conferencia se inspira en la Constitución del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes, viendo la realidad concreta bajo la luz del Evangelio, haciendo extensiva la responsabilidad conjunta respecto de todo el Continente, abriendo una ayuda especial entre las Iglesias de América Latina basada en la comunión de Iglesia universal.
Fue convocada por Pablo VI con el propósito de que se extendiera al mundo no-europeo, "presenta una eclesiología liberadora, su método consiste en iluminar la realidad con la Palabra de Dios y así proyectar una acción pastoral encarnada (...) en donde se toma a las comunidades de base como las células de esta nueva eclesiología." También esta Conferencia es recordada "por el fuerte impulso que dio a la lucha por la justicia."
III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Puebla, México, 1979):Fue convocada por Juan Pablo II. Esta conferencia sitúa nuestra evangelización continuando con la de los cinco siglos pasados cuya sustancia permanece originando un sustrato católico en América Latina. Después del Concilio Vaticano II y de la II Conferencia General del Episcopado celebrada en Caracas, este sustrato se ha reforzado aún más, con el convencimiento de que la Iglesia tiene su misión central. Durante esta conferencia, los obispos latinoamericanos se pusieron de acuerdo en que la evangelización de la Iglesia Católica en América Latina se haría según estos tres puntos:
1) Opción preferencial por los Pobres: La Iglesia ve en los rostros de los pobres el rostro sufrido del Señor y es por eso que quiere cobijarlos entre sus hijos. Dios por medio de la Iglesia los defiende y los ama entrañablemente. Son los destinatarios principales de toda la misión y su evangelización consiste en rescatarlos de su situación visto desde la fe.
2) Opción preferencial por los jóvenes: La situación de los jóvenes en América Latina está flagelada por los vicios y por una situación donde no existe la palabra familia. Frente a esto la Iglesia le muestra a los jóvenes a un Cristo vivo que es el único Salvador que los puede liberar de sus cadenas. Y en respuesta a esto, el joven irá a evangelizar como respuesta al amor de Jesús.
3) Acción de la Iglesia con los constructores dela sociedad pluralista en América Latina: La Iglesia basándose en el Evangelio quiere transformar desde la justicia y el amor las estructuras de la sociedad pluralista para que respeten y promuevan la dignidad de la persona humana.
El documento de Puebla (1979) se basa en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI (1975) para afrontar las nuevas situaciones de la evangelización, especialmente respecto a las prioridades de la familia, la juventud, los pobres y la cultura. "Nuestras Iglesias pueden ofrecer algo original e importante: su sentido de la salvación y liberación, la riqueza de su religiosidad popular, la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base, la floración de sus ministerios, su esperanza y la alegría de su fe."
Esta Conferencia fue convocada por Pablo VI e inaugurada por Juan Pablo II. No habla de liberación, pero mantiene el método de Medellín.
IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Santo Domingo, República Dominicana, 1992): ConvocaJa por Juan Pablo II en ocasión a los 500 años de la primera evangelización de América Latina. En esta Conferencia, se abandona el método latinoamericano, se habla de una nueva evangelización, se propone la promoción humana silenciando la dimensión liberadora y se defiende la cultura cristiana, término muy cuestionable teológicamente. Existe "una clara voluntad de dar marcha atrás respecto al caminar de la Iglesia de América Latina y por eso Santo Domingo representa una tendencia a volver a una eclesiología universal con poca relevancia de las Iglesias locales. Esto muestra una centralidad romana la cual va en contra del pensamiento y doctrina del Concilio Vaticano II. Esta Conferencia "aunque fue acusada de tibieza, no deja de hablar de la promoción humana y de la solidaridad con los nuevos rostros sufrientes. También recoge los desafíos de las culturas indígenas, afroamericanas y mestizas.
V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida, Sao Paulo, Brasil, 2007): La Conferencia de Aparecida fue inaugurada por Benedicto XVI. El tema de la Conferencia fue "Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan en Él vida, inspirado en un pasaje del Evangelio de Juan que narra "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6). La Conferencia fue convocada por Juan Pablo II y concretada por Benedicto XVI. Fue organizada por el Consejo Pastoral Latinoamericano, con la orientación de la Pontificia Comisión para América Latina, donde se destacó por su papel en la Conferencia, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, futuro Papa Francisco.
Aparecida es un acontecimiento de la Iglesia universal. No llega a limitarse a ser un solo evento de la Iglesia Latinoamericana. Se ha convertido en una luz del Espíritu para vivir un itinerario hacia Dios desde América Latina, es una señal para continuar recorriendo el camino de la historia de salvación desde y en nuestros pueblos, buscando la vida plena, con la conciencia de ser discípulos misioneros y con un serio compromiso de tener una formación integral para llevar ese mensaje y que este, a su vez, genere vida y luz en la realidad en la que se encuentra América Latina.
De todas estas Conferencias, es Aparecida la que le da un gran impulso a la idea y práctica de una Iglesia en salida. De acuerdo con el proyecto de Aparecida, todo va a ser orientado hacia la misión. La realización práctica de ese proyecto va a exigir el siglo XXI entero. Porque los obispos lanzaron este proyecto, pero ahora tienen que convencer al clero.
La V Conferencia del CELAM recogió lo que se preparó durante 30 años. También decidió volver al método de Medellín y de Puebla, o sea el esquema ver-juzgar-actuar de la Acción Católica (N° 19). La continuidad con Medellín y Puebla se muestra sobre todo en dos temas muy importantes: La opción por los pobres y las Comunidades Eclesiales de Base (sobre todo en Brasil). Los mejores capítulos del Documento son los referidos a la Misión donde dicen que "la Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, en el estancamiento y en la tibieza, marginando a los pobres del Continente" (362). El cambio debe afectar a todas las instituciones de la Iglesia. Finalmente, el Documento asume desafíos contemporáneos: la ecología y los problemas del medio ambiente y la pastoral urbana.
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